Elizabeth Taylor, la legendaria actriz de Hollywood que enamoró al mundo entero con su mirada única, era conocida por su carrera cinematográfica, sus 8 matrimonios y sobre todo por sus deslumbrantes ojos de color violeta.
Liz Taylor protagonizó películas tan aclamadas como Cleopatra, ¿Quién teme a Virginia Woolf?, Gigante o La gata sobre el tejado de zinc. Pero lo que quizás más distinguió a Elizabeth Taylor fue su polémica mirada presuntamente violeta, que dividió la opinión pública y dio lugar a encarnizadas disputas a lo largo de los años.
Como ya hemos comentado al hablar de por qué hay tan pocas personas con ojos verdes, el color del iris de nuestros ojos está determinado principalmente por la cantidad de melanina y su distribución, así como por otros pigmentos que, en distintas combinaciones, provocan las diversas variedades de color de ojos que podemos encontrarnos.
Si bien más del 50% de la población mundial tiene los ojos marrones, los ojos de Elizabeth Taylor eran de un azul tan profundo, que daban la impresión de ser violeta. Este tono característico solo aparece en algunas personas con albinismo, cuyo rango de color de iris varía desde el azul al gris, por lo que el hecho de que se diese en alguien como Elizabeth Taylor provocó una conmoción colectiva que la lanzó al estrellato.
Aunque ya sabemos que no hay ojos negros ni violetas, la mezcla de tonos rojos con reflejos azules producen un azul muy intenso que puede hacer que parezcan de este color morado desde algunos ángulos y con la iluminación adecuada.
Otro detalle especial de los ojos de Elizabeth Taylor
El ojo refleja la luz y los elementos que lo rodean, como el maquillaje, la ropa o la iluminación, influyen en gran medida en la intensidad del color del iris, y pueden hacer que la apariencia de los ojos cambie. Elizabeth Taylor tuvo a los mejores maquilladores del momento, y conocía los trucos para conseguir realzar la belleza natural de su mirada.
Pero esto no es todo. Hubo un segundo elemento que hacía tan llamativos los ojos de Elizabeth Taylor que es poco conocido, y es que a diferencia del resto de mortales, ¡tenía dos filas de pestañas!, una alteración conocida como distiquiasis. Aunque cabe mencionar que esta rara mutación ocurre con mayor frecuencia que su distintivo color de ojos, ya que normalmente la distribución de las pestañas se da a distintas alturas.
El contraste del color negro de las pestañas dobles realzaba el azul del iris, dándole más profundidad y contribuyendo a conseguir el aspecto de color violeta. Es más, cuando Taylor rodaba la película “Lassie, la cadena invisible” (Lassie come home), con tan solo 11 años, un cámara le pidió que se quitase las pestañas postizas, a lo que la joven Elizabeth contestó con la famosa frase: ¡no es maquillaje, soy yo!
No cabe duda de que a la actriz le tocó la lotería genética, y que nació para la gran pantalla. Sin embargo, también tuvo una salud extremadamente frágil y pasó decenas de veces por el quirófano a lo largo de su vida debido a problemas de corazón.
Las pestañas supranumerarias son una mutación que se asocia a problemas cardíacos congénitos, por lo que hay quienes consideran las pestañas dobles de Elizabeth Taylor un “regalo envenenado” que contribuyó a su historial de problemas de corazón. Todo ello junto con una salud muy debilitada, le provocaron la muerte el 23 de marzo de 2011, a los 79 años.
Distiquiasis: qué son las pestañas dobles
La distiquiasis es una alteración poco frecuente en la que crece una segunda fila de pestañas detrás de la habitual, en el borde del párpado. Puede ser congénita, como en el caso de Elizabeth Taylor, o aparecer más adelante tras una inflamación crónica de los párpados.
En muchos casos no da problemas, pero cuando esas pestañas extra se orientan hacia el ojo pueden rozar la córnea y provocar irritación, ojo rojo, lagrimeo o sensación de arenilla. Si notas estas molestias de forma continuada, es importante que lo revise un oftalmólogo, que valorará si es necesario retirar esas pestañas.
Cómo conseguir una mirada «violeta» sin riesgos
Hoy no hace falta tener la genética de Liz Taylor para jugar con el color de los ojos. Igual que hacían sus maquilladores, los tonos que llevas cerca de la cara cambian la percepción del iris: las sombras en malva, ciruela o bronce y la ropa en tonos morados hacen que los ojos azules parezcan más intensos y casi violetas. Las monturas también influyen; te contamos qué color de gafas favorece a los ojos azules.
Si quieres ir un paso más allá, la opción segura son las lentillas de colores, como las Air Optix Colors, disponibles también con graduación. Eso sí, aunque se usen solo por estética, son un producto sanitario: deben adaptarse en una óptica y seguir las mismas pautas de higiene que cualquier lente de contacto. Repasa nuestros consejos para usar lentillas antes de estrenarlas.